Bélgica termina con las aspiraciones de USA

Bélgica termina con las aspiraciones de USA

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Si el fútbol tiene algo de poético, es desde luego su intrínseca tendencia a la injustica. En este aspecto, es verdaderamente un deporte muy singular, porque la suma de méritos suele ser suficiente para apuntarse el triunfo en la mayoría de las disciplinas.

Así pasa que muchos partidos recorren senderos inesperados, con giros argumentales casi inexplicables para cualquiera que no haya sudado la camiseta alguna vez sobre un terreno de juego.

El Bélgica-Estados Unidos es un perfecto ejemplo de lo que sostenemos, porque pudo pasar de todo en 120 minutos de locura ofensiva que pusieron un broche de oro a unos octavos de final realmente fantásticos.

Bélgica pudo y mereció golear, sobre todo en una segunda parte en la que Howard ejerció de cortafuegos, aunque la falta de puntería de los ‘Diablos Rojos’ también ayudó a que el duelo llegase al tiempo extra.

Quizás la clave estuvo en la intermitencia de Hazard, que no llegó en ningún momento a asumir la responsabilidad que conlleva su condición de máxima estrella belga. Sin ese elemento desequilibrante, los ‘Diablos Rojos’ son menos temibles y, por ende, más previsibles.

Es más, jugadores como Vertonghen y De Bruyne tuvieron mayor ascendencia sobre el juego belga que la estrella del Chelsea. A esto se suma que Origi, titular en detrimento de Lukaku, no tuvo su día como finalizador de las constantes acometidas belgas.

Como se ve, un cóctel perfecto que explica lo inexplicable, un cero a cero a todas luces mentiroso a tenor de los méritos contraídos por unos y otros.

Tanto perdonó Bélgica, que Estados Unidos acabó por gozar de una ocasión inmejorable en la jugada final del tiempo reglamentario, pero Wondolowski disparó arriba ante la salida desesperada de Courtois. La jugada, es justo recordarlo, estaba anulada por un fuera de juego inexistente, pero el susto para los europeos fue mayúsculo.

Tanto así, que Wilmots se animó al fin a mover ficha sacando a Lukaku de su ostracismo. Una decisión acertada, a tenor de lo acontecido, pero también algo tardía, se podría argumentar.

Como sea, Lukaku fabricó el 1-0, obra de De Bruyne, en su primera intervención y remató la faena con una segunda diana que finiquitaba el envite… si este fuese un Mundial al uso.

Y es que quedaban 15 minutos y los estadounidenses, nobleza obliga, estaban dispuestos a morir con las botas puestas. Así pasó que Green descontó casi de inmediato, con un golazo de volea a pase de Bradley, abriendo de par en par las puertas de la machada.

El resto de la prórroga fue una lenta agonía en la que Courtois tuvo que acudir al rescate, sobre todo para tapar un remate de Dempsey tras una falta ensayada que deja muy bien parado a Klinsmann como estratega.

El 2-1 final premiaba al mejor equipo, pero la injusticia poética del fútbol sobrevoló el Arena Fonte Nova de Salvador durante muchos minutos. Y es que este deporte es diferente, sobre todo cuando se juega en Brasil.

Quizás la clave estuvo en la intermitencia de Hazard, que no llegó en ningún momento a asumir la responsabilidad que conlleva su condición de máxima estrella belga. Sin ese elemento desequilibrante, los ‘Diablos Rojos’ son menos temibles y, por ende, más previsibles.

Es más, jugadores como Vertonghen y De Bruyne tuvieron mayor ascendencia sobre el juego belga que la estrella del Chelsea. A esto se suma que Origi, titular en detrimento de Lukaku, no tuvo su día como finalizador de las constantes acometidas belgas.

Como se ve, un cóctel perfecto que explica lo inexplicable, un cero a cero a todas luces mentiroso a tenor de los méritos contraídos por unos y otros.

Tanto perdonó Bélgica, que Estados Unidos acabó por gozar de una ocasión inmejorable en la jugada final del tiempo reglamentario, pero Wondolowski disparó arriba ante la salida desesperada de Courtois. La jugada, es justo recordarlo, estaba anulada por un fuera de juego inexistente, pero el susto para los europeos fue mayúsculo.

Tanto así, que Wilmots se animó al fin a mover ficha sacando a Lukaku de su ostracismo. Una decisión acertada, a tenor de lo acontecido, pero también algo tardía, se podría argumentar.

Como sea, Lukaku fabricó el 1-0, obra de De Bruyne, en su primera intervención y remató la faena con una segunda diana que finiquitaba el envite… si este fuese un Mundial al uso.

Y es que quedaban 15 minutos y los estadounidenses, nobleza obliga, estaban dispuestos a morir con las botas puestas. Así pasó que Green descontó casi de inmediato, con un golazo de volea a pase de Bradley, abriendo de par en par las puertas de la machada.

El resto de la prórroga fue una lenta agonía en la que Courtois tuvo que acudir al rescate, sobre todo para tapar un remate de Dempsey tras una falta ensayada que deja muy bien parado a Klinsmann como estratega.

El 2-1 final premiaba al mejor equipo, pero la injusticia poética del fútbol sobrevoló el Arena Fonte Nova de Salvador durante muchos minutos. Y es que este deporte es diferente, sobre todo cuando se juega en Brasil.

Fuente: Tiempoextra.do

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